jueves, 11 de diciembre de 2008

Victor Hugo Morales


Comenzar un viaje que llevará 8 horas en colectivo al sonido de una mamá diciendo al azafato, "disculpá, me podés traer un vasito con agua que la nena tiene ganas de vomitar", no augura nada bueno.
Por suerte la chiquilla en cuestión no se vio en la necesidad de a los compañeros de ruta cuál había sido su almuerzo.

Igualmente, la frase retumbó en mis oídos durante todo el trayecto imaginando diversos escenarios posibles. Eso fue lo más terrible, la espera. La insoportable espera de algo para va a suceder, lo quiera uno o no. La frase de la niña fue un arma psicológica, el desencadenante de un sinfín de temores. "Será ahora??? Será ahora???", eran mis preguntas.

Una de las opciones, la más remota, era que la nena vomitara dentro de una bolsita de papel que el muchacho le había entregado junto con el agua. En ese caso, pasado el asco de verme obligada a oír los característicos sonidos del vómito y las arcadas, el horror hubiese quedado atrás luego de tres horas.

Otro escenario posible. Cuando uno vomita, por reflejo, o por amor, tiende a depositar el producto en cuestión lo más lejos posible de quien está al lado, en este caso los padres. Lo más lejano en ese caso hubiese sido "adelante", o sea, en mi asiento, sobre mí persona.

Por suerte no pasó eso. Si no, no estaría acá. Y esto me conduce a tres escenarios más:

- me hubiese clavado en la garganta mi botellita de agua mineral a fin de no tener que cargar toda mi vida con el recuerdo de una niña que vomitó mi cabeza.

- estaría presa por hacer comer a la madre de la niña el "regalito" de su hija. En realidad no por eso, sino por haberla obligado a fuerza de amenazarla con arrancarle los pelos de las patillas a la chiquita que oportunamente ya estaría entre mis manos.

- estaría en algún programa de tele en la sección de noticias insólitas y berretas, luego del titular en los diarios, "El viaje les cayó mal". Contaría la historia de cómo todos los pasajeros vomitamos y tuvieron que cambiarnos de micro.


8 comentarios:

Dos dijo...

Yo tambien peregrino 8 hs en micro con cierta habitualidad asi que entiendo perfecto lo que escribís. Creo que tengo mas horas de viaje que Marley (?)

Ajenjo dijo...

Pero en los micros con ventanas fijas hay un martillito con la leyenda "en caso de emergencia utilice para romper el cristal" Simple, rompías el vidrio y llevabas a la cria colgada hacia afuera hasta que suelte el pato rabioso. Y si salpica, con el mismo martillito le aplicás un coqui en la cabeza.

beso
A

Zimbon dijo...

Una historia que realmente pudo ser trágica! La sacaste barata, jeje...
Y victor hugo? que onda?

Lucas.- dijo...

jaja.. che.. no entendi el titulo...

Carolina dijo...

Dos: menos mal que sólo viajes... De comer bichos qué onda??

Ajenjo: me encantó la idea!!! Coqui en la cabeza!!

Zimbon: Sí, la verdad que barato, sólo $100... Victor bien, por suerte.

Lucas: te lo hago con más expresión si querés, Victor "Hugoooooooooooooo" Morales. Una chanchada de vómito.

Zimbon dijo...

jaja, yo tampoco había entendido lo victor hugo, jeje

que feo que usen tu nombre pa representar eso!

Horacio dijo...

EL VÓMITO ES UN GRITO DE LIBERACIÓN

che, al final del primer párrafo te falta una palabra

Tomás Münzer dijo...

Ja, claro, Hugooooooooooooo, hugooooooooooo, juas.