Por qué los acondicionadores de aire no son de temperatura continuada? O sea, cuando vos vas a comprar tenés la opción de comprar el AA común o uno frío-calor.
Por qué? No debería ser todo igual?
Debería ser un acondicionador de aire que vaya desde los 14º hasta los 25º, pero graduado en grados reales. Cuando en verano alguien pone el aire a 16º te morís de frío y eso no es real, porque cuando en la vida misma esa es la temperatura está divino, no hace frío. Y si en invierno ponés a 24º no deberías quedar sudando sobre el escritorio.
Aunque si lo pienso más en detalle, el acondicionador debería con una sola temperatura satisfacer la necesidad del comprador. Por ejemplo 18º es mi ideal, sea verano, sea invierno.
miércoles, 29 de junio de 2011
jueves, 2 de junio de 2011
Prohibido nuestro amoooooor, y qué???
Su historia podría ser la central de una novela mexicana. O de una local, por qué no... Estevanez escucharía ansioso cada relato, imaginando qué actores convocaría, cómo sería cada capítulo y en qué preciso instante iría contando cada cosa.
Él es encargado de un edificio. Llamémoslo Carlos. Vive en el último piso junto a su mujer -con cara de pocos amigos- que trabaja en una rotisería a media cuadra, el hijo de 25 años con la mujer y un pequeñito de 5.
Liliana, la mujer de Carlos, tiene un hermano que trabaja también como encargado a una cuadra del edificio 1, y vive allí junto a su esposa, Luján -que trabaja en edificio 1 limpiando algunos departamentos.
Un mediodía, horario de mayor trabajo en una rotisería, Liliana va rápido a su casa a buscar cambio, se ve que ese día todos habían ido decididos a pagar con $100.
Qué se encuentra?
A su marido en una posición un tanto comprometida con Luján, su cuñada. Seis años de amor prohibido y oculto -los amantes en su defensa declaran que fueron sólo 3 meses-, descubiertos por falta de billetes de $10.
Luego de varios meses de lucha, gritos, caminatas de una cuadra de edificio 1 a edificio 2, quejas del consorcio, llega el final de la historia.
Carlos es perdonado por Liliana, así como Luján es perdonada por su marido, Ricardo. Todo vuelve a la normalidad a excepción de que Luján ya no trabaja más limpiando en el edificio de las manzanas prohibidas.
Dos meses después, los vecinos de Edificio 1 notan que Carlos esa mañana no había salido a barrer la vereda ni encerar el palier.
Parece ser que Luján tampoco fue vista esa mañana.
No es una historia de suspenso, venganza y muerte. No.
Es una historia de amor. Carlos y Luján se fueron juntos a comenzar su vida en otro edificio, libre de esposos, libre de humo.
Naaah, mentira!!!! Son ciertos los personajes, el resto es fruto de mi imaginación. El encargado del edificio donde trabajo renunció ayer y me divierte pensar que se fue con su concuñada que para mí lo miraba con ganas...
lunes, 16 de mayo de 2011
Cosas chanchas
Llegó a la mesa del restaurante donde estábamos cenando...
El lugar en cuestión es un estilo bodegón, decorado muy lindo con cosas antiguas -aparadores, sillones, vajilla, elementos varios- incluso en las mesas hay debajo del vidrio publicidades de muchos años atrás.
La metodología del lugar es autoservicio, vos vas a la caja, pedís lo que querés (a precios increíblemente baratos), pagás y te vas a esperar a la mesa a que te traigan el pedido.
Vuelvo al inicio de la historia.
Llegó a la mesa del restaurante donde estábamos cenando. Ya habíamos terminado con la comilona pero como los platos son abundantes algo quedaba aún en ellos, todos habíamos pedido ravioles. En mi plato quedaba un cuarto de la porción original, algo más o menos igual en la de Rober, y en la del tercero nada de pasta, sólo un resto de carne picada de la bolognesa.
"Comés eso?", me pregunta mientras ya estaba pinchando un raviol con mi tenedor.
Cabe aclarar que habíamos terminado hacía un rato, por lo cual imagino que ya estaba todo frío.
"No, comé tranquilo...", respondí yo con cara rara; cara rara no por la sensación que me producía que metiera mi tenedor en mi plato con las sobras frías de una cena ya finalizada, sino porque además, este sujeto, hace mucho ruido al comer. Entre bocado y bocado hace como un chistido, como si intentara sacar comida de una muela hueca... un asco.
Juntó en un plato mis ravioles, los de Rober y la salsa bolognesa del tercer plato. Y se fue a la caja a pedir que se lo calentaran.
Volvió sonriente, utilizó rejunte de queso rallado y se armó medio vaso de coca con los fondos de nuestros vasos.
No había necesidad. No hay derecho. Estamos hablando de una persona que puede pagarse el plato de ravioles que en ese lugar cuesta $18.
Pero el ruido...
Siento que Dios, Alá, Mahoma y la montaña lo pusieron en mi camino para aprender a contener la ira.
El lugar en cuestión es un estilo bodegón, decorado muy lindo con cosas antiguas -aparadores, sillones, vajilla, elementos varios- incluso en las mesas hay debajo del vidrio publicidades de muchos años atrás.
La metodología del lugar es autoservicio, vos vas a la caja, pedís lo que querés (a precios increíblemente baratos), pagás y te vas a esperar a la mesa a que te traigan el pedido.
Vuelvo al inicio de la historia.
Llegó a la mesa del restaurante donde estábamos cenando. Ya habíamos terminado con la comilona pero como los platos son abundantes algo quedaba aún en ellos, todos habíamos pedido ravioles. En mi plato quedaba un cuarto de la porción original, algo más o menos igual en la de Rober, y en la del tercero nada de pasta, sólo un resto de carne picada de la bolognesa.
"Comés eso?", me pregunta mientras ya estaba pinchando un raviol con mi tenedor.
Cabe aclarar que habíamos terminado hacía un rato, por lo cual imagino que ya estaba todo frío.
"No, comé tranquilo...", respondí yo con cara rara; cara rara no por la sensación que me producía que metiera mi tenedor en mi plato con las sobras frías de una cena ya finalizada, sino porque además, este sujeto, hace mucho ruido al comer. Entre bocado y bocado hace como un chistido, como si intentara sacar comida de una muela hueca... un asco.
Juntó en un plato mis ravioles, los de Rober y la salsa bolognesa del tercer plato. Y se fue a la caja a pedir que se lo calentaran.
Volvió sonriente, utilizó rejunte de queso rallado y se armó medio vaso de coca con los fondos de nuestros vasos.
No había necesidad. No hay derecho. Estamos hablando de una persona que puede pagarse el plato de ravioles que en ese lugar cuesta $18.
Pero el ruido...
Siento que Dios, Alá, Mahoma y la montaña lo pusieron en mi camino para aprender a contener la ira.
jueves, 28 de abril de 2011
Rompería todo cuando...
Yo: Empresa piripipi, buenas tardes.
Miserable: Hola chiquita, cómo estás? Soy "Rata inmunda", está Carlos (jefe)?
Yo: No, no está en la oficina, ubicalo en el celu
Miserable: Ah... no. Lo llamás y le decís que me llame él al celular??
Pobrecitos... se ve que los arquitectos e ingenieros que llaman a mi oficina ganan muy poquito y se quedaron sin crédito.
A veces es peor cuando Carlos está en la oficina y no quieren que les pase con él, quieren que él los llame... "pero si ya gastaste llamando?!?!!?"
Este va a ser un título muy utilizado, imagino.
Miserable: Hola chiquita, cómo estás? Soy "Rata inmunda", está Carlos (jefe)?
Yo: No, no está en la oficina, ubicalo en el celu
Miserable: Ah... no. Lo llamás y le decís que me llame él al celular??
Pobrecitos... se ve que los arquitectos e ingenieros que llaman a mi oficina ganan muy poquito y se quedaron sin crédito.
A veces es peor cuando Carlos está en la oficina y no quieren que les pase con él, quieren que él los llame... "pero si ya gastaste llamando?!?!!?"
Este va a ser un título muy utilizado, imagino.
miércoles, 13 de abril de 2011
Todo y nada
Se me quemaron los papeles. Los de las vacaciones digo, no sé dónde está lo que escribí, lo busqué, revolví cajones, muebles, cajitas, cajas, sobres, cuadernos, todo, y nada. Todo y nada, di vuelta todo y no encontré nada*.
Ponerme a reconstruir ahora no da, no tengo tanta memoria, no recuerdo que ropa me puse ayer (mientras escribo esto pienso en qué ropa me puse ayer, y no, no hay caso, no lo recuerdo)...
A modo de resumen puedo decirles:
- El último día en Uruguay lo pasamos en Piriápolis, divino todo, lástima que a la vuelta, una vez llegados a Argentina cuando estábamos sentaditos en el auto en Buquebus para bajar, "tomate" (el auto de Rober), no arrancó más. Terminamos llegando a casa a las 2 de la mañana remolcados por el ACA, en vez de revolcón obtuvimos remolcón.
- Fui unos días con mi hermano, cuñada y sobri a Ostende, en el viaje de ida podría haber matado a alguien. Por suerte me contuve. Una mina hablaba con todos los vecinos de asiento a volumen bastante elevado; un estilo de persona que me cae pesadita, vieron esa gente que cuando alguien dice, "ay, me encantan los chocolates!", responden "aaaaaaahh, y a mí????? Ja, a mí en el barrio me dicen Willy Wonka...".
Bueno, así en cada conversación. A la chica en cuestión nadie le ganó en amor al chocolate, los caramelos, las golosinas antiguas, los snacks, pumper nick, las películas, las obras de teatro, las salidas "under", todo. Tenía además el ovario más conflictivo, la piel más delicada, la voz más disfónica de todo el condado.
Antes de bajar del colectivo tuve ganas de decirle, "lo que tenés es el flequillo más feo de toda la costa".
- Los churros de la playa son lo más rico del universo.
- Los corpiños torzados strapless no son amigos de las olas. Pero sí de los mirones.
*Fe de erratas: debería haber dicho "encontré nada", imagino que el "no encontré nada" siguiendo las reglas matemáticas de - x -=+, daría como resultado el haber encontrado cosas.
Etiquetas:
De Robertos y Carolinas,
Historias de gente común
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