En esta corta y humilde, pero no por eso menos emotiva, ceremonia, les hago entrega de mi formación del inconsciente.
Suele pasarme que tengo sueños raros... como muy reales por un lado, nada de volar, o saltar y quedar suspendida en el aire, ni tampoco caída de dientes; pero por otro, muy improbables y empapados de ficción.
También dan cuenta de mi estupidez a la hora de elegir... más cuando estamos hablando de un sueño, puedo hacer lo que quiera en él, crear lo que se me antoje.
Les hago un paréntesis, sin paréntesis, aquí para contarles que muchas veces he logrado dirigir un poco el sentido de mis sueños; cierro los ojos, pienso fuerte, fuerte en lo que quiero figurar... y zas! arranco con lo que yo quiero, aunque sólo por un ratito, después sigue el curso que él quiere. También he logrado darme cuenta de estar soñando y lograr el despertar.
Vuelvo al tema anterior; el de los sueños raros. Recuerdo morrones cortados en juliana que caminaban, haber sido nieta onírica de China Zorrilla, estar en medio de una guerra atrincherada, entre otros.
En este último, habrá sido la semana pasada, soñé que era novia de John Locke. Sí, el de Lost, el Aldo Rico de la isla. Lo raro es que yo, al dirigirme a él, no le decía Bubu, Cosita, Osito, Currucucú, Titán o Pipipipi, sino a secas John Locke.
Estábamos en un club en una pileta gigante, de esas que no alcanzás a ver dónde terminan, de hecho me parece que no tenía fin.
Carolina: John Locke, vamos?
John Locke: No, a mí me queda una semana más de vacaciones, andá vos si querés... Además si no es en avión yo no viajo.
Después íbamos a hacer pis atrás de unos arbustos.
Haber podido elegir, me soñaba algo con Sayid...
PD: Mauricio no volvió a mensajear.